miércoles, 20 de agosto de 2008

"Los amigos y los enemigos de Cervantes"

Los
amigos y los enemigos de
Cervantes
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1. En vida, Miguel de Cervantes contó con amigos y enemigos de peso en el medio cultural. Se sabe que de los primeros recibió cierto apoyo y exiguos favores y que con los segundos mantuvo relaciones tensas y hostiles. Lo que aquí interesa, sin embargo, es que Cervantes llevó al terreno de la escritura los debates literarios sostenidos con determinados personajes connotados del momento. Así, un buen número de prólogos que preceden a sus obras más que ornatos se convierten en la arena en donde el escritor dirime controversias con algunos de sus contemporáneos. En varios, los amigos y los enemigos cumplen su cometido al servicio de estas querellas. Tales Prólogos son el de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (1605),3 el de las Novelas ejemplares4 (1613), el de la Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha (1615) y el de Los trabajos de Persiles y Segismunda5 (1617). En el de La Galatea6 (1585), aunque campo de debate literario, Cervantes aún no hace uso de las figuras del amigo y el enemigo, y en el de las Ocho comedias y ocho entremeses nuevos nunca representados7 (1615), si bien se menciona a ciertos amigos, éstos no desempeñan el papel que aquí nos interesa, sino el de haber sostenido con el dramaturgo una conversación sobre el teatro español, tema del Prólogo. El del Viaje del Parnaso8 (1614) es muy breve y carece de estas características.

2. Los amigos de los prólogos cervantinos -construcciones ficticias, invenciones de que se vale el escritor con diversos propósitos- participarán de distintas maneras en situaciones imaginarias carentes de sustento en la existencia real. De este modo, el autor, sujeto de la enunciación, según la convención del género proemial, dialoga, cede la palabra o le asigna algún determinado papel a un supuesto interlocutor, presente o aludido, por lo que, al entrar en relación con dicha figura ficticia, el propio autor se ficcionaliza. No se trata, pues, en sentido estricto, ni de Miguel de Cervantes ni de sus amigos en el mundo. El amigo es resultado de la refracción del autor que, por estrategia, o bien deposita en esta figura determinados conceptos con el fin de evitar el enfrentamiento con sus posibles antagonistas, o bien, la responsabiliza de su defensa o de la expresión de halagos a su persona y / o a su obra. En este caso, con el recurso del amigo, el autor finge que la defensa o la alabanza vienen de fuera. Así, resuelve, inteligente y elegantemente, dichas funciones propias del género prologal, evitando caer en los riesgos de la autoalabanza o de la falsa modestia.9Por su parte, los enemigos, aunque responden a un referente identificable en el mundo, en algunos de los preliminares no son una presencia inmediatamente reconocible ni serán caracterizados como personajes. En este caso, el enemigo estará representado por un conjunto de ideas o prácticas literarias con las cuales el autor o el amigo debaten; su persona quedará desdibujada; estará desprovisto de sus propias señas de identidad; será sustraído de su realidad concreta. No obstante, esas presencias apuntarán a un sentido cifrado, potencialmente discernible por los lectores. Además, el hecho de ser el ejercicio literario de tales enemigos el blanco de la crítica, hará del prólogo un texto polémico y paródico en régimen irónico. En otros casos, los enemigos sí están construidos como personajes, aunque su identidad histórica se mantiene semioculta.

Así, pues, los prólogos de que nos ocuparemos se estructuran a partir de ayudantes y oponentes, los cuales desempeñan diversos papeles y tienen como función fundamental la persuasión del lector –y, por extensión, la del público- a favor del autor, su obra y sus ideas, y en contra de las de sus enemigos, a pesar de que, en ocasiones, la ironía crítica alcanza también al propio autor.



3. El más importante tema puesto a discusión en el Prólogo a El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (1605)10 es la pertinencia del uso de ciertas prácticas proemiales. Ello lo convierte, según la clasificación de Alberto Porqueras Mayo, en un prólogo preceptivo.11 En relación con las operaciones de la Retórica clásica, dicho asunto formaría parte de la Inventio (invenire quid dicas; encontrar qué decir).12 Es, según la visión actual de Roland Barthes, “lo que está prometido[,] destinado al sentido, constituido desde el comienzo en material de significación”. La estructuración del material correspondería a la Dispositio (inventa disponere; ordenar lo que se ha encontrado), así como a la Elocutio (ornare verbis; agregar el adorno de las palabras, de las figuras). Esto para Barthes sería “la forma que va a buscar el sentido para cumplirlo.”13 Y la fortuna en el hallazgo de las formas para esos materiales vendrá a ser el resultado de la interacción –diría yo, la perpetua tensión- entre significante y significado -res/verba de Quintiliano- a la que se enfrenta el creador en su intento de significación artística, de conseguir ciertos efectos en el lector: conmoverlo, persuadirlo, desconcertarlo... Con ese propósito, en la operación correspondiente a la Elocutio, en este Prólogo, Cervantes construye un colaborador ficticio, el amigo discreto y bien entendido. De esta invención depende la originalidad y complejidad asombrosas de dicha pieza: su dialogismo, su tono lúdico, su equivocidad intencional, la parodia irreverente, la ficción de la autoría... Es claro que en la del amigo nos encontramos con una figura que rebasa los alcances léxico-semánticos de la metáfora; por su riqueza, funciona aquí más como metalogismo o figura de pensamiento.Como ha sido señalado por Mario Socrate,14 la organización del Prólogo de 1605 corresponde a la división retórica clásica del discurso, o sea, la Dispositio, compuesta por exordium, narratio, argumentatio (con confutatio), epilogus o conclusio. Cervantes, quien se dirige en primera persona al lector, se hace cargo de todas las partes, excepto de la argumentatio -la más extensa y con mayor intención irónica de todas-, que será cubierta por el amigo en interlocución con el autor. El Prólogo tendrá, entonces, una estructura dialógica, que dependerá de las distintas perspectivas que sobre la materia sostienen los interlocutores. Con este procedimiento, el autor implícito puede presentar de manera irónica y polémica el asunto de las prácticas humanistas desgastadas cultivadas por ciertos autores en determinados ornatos. El amigo se hará cargo de la crítica extrema, burlesca, de tales ejercicios literarios. Ello supone, implícitamente, un enemigo, el cual ha sido identificado con Lope de Vega. Es así que, en terrenos estrictamente literarios, sin mencionarlo abiertamente y sin comprometerse de forma directa, sino por medio del amigo, Cervantes

plantea una crítica demoledora a los usos ornamentales –prólogos y poemas laudatorios- de su antagonista.


4. En el exordium del Prólogo a las Novelas ejemplares (1613) –en parte, prólogo noticioso-, el autor alude a un amigo supuestamente culpable de que -según dice- no le hubiera ido “tan bien con el que puse en mi Don Quijote”. ¿La culpa será del amigo “gracioso y bien entendido” de tal Prólogo, quien, por sus excesos críticos provocó esa mala recepción? Y aquellos a quienes no gustó, ¿serán Lope y sus partidarios? Probablemente. El texto se abre a las conjeturas; es intencionalmente ambiguo. Si ese amigo, el interlocutor de Cervantes en 1605, tomó la palabra, aquí guardará silencio para asir el buril con el fin de -según dice el prologuista- “grabarme y esculpirme en la primera hoja de este libro [...]”. Sería, pues este amigo, un presunto aliado suyo, quien se ocuparía de hacerle un retrato con el propósito, según el uso, de honrar al autor. Sin embargo, en vez de obra plástica, en la página queda impresa una descripción literaria del retrato inexistente, escrita por el propio Cervantes. Ello delata la naturaleza virtual del amigo, así como de su grabado. Además de que cierta ironía revestida de realismo va salpicando la descripción y el retrato resulta poco halagüeño, Cervantes lo remata con una denuncia de la falsedad y de la intención de auto homenaje implícita en este tipo de cumplidos. Así, queda escamoteada la petitio benevolentiae característica del exordium y del género prologal, misión presumiblemente asignada al fingido grabado hecho por el amigo, a la vez que, de nuevo, se critica una práctica atribuida a Lope, ya que, como se sabe, algunos de los sonetos laudatorios aparecidos en sus publicaciones son compuestos por él mismo aunque firmados por su amante iletrada Camila Lucinda,15 hecho similar al de atribuir un falso retrato a un pintor inexistente.16


5. En el Prólogo a la Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha (1615),17 la figura del enemigo tiene una gran relevancia y se le menciona abiertamente desde el principio. Se trata del “autor del segundo Don Quijote”, el apócrifo. En esta ocasión, el papel del amigo le será asignado al lector, a quien el autor, desde el exordio, convierte en un interlocutor al que le confía los agravios infligidos por ese enemigo en el Prólogo del falso Quijote; le demanda complicidad en su contra y, en la narratio, asegura el pacto dirigiéndose a él como “lector amigo”. De manera distinta que en el Prólogo de 1605, aquí el enemigo adquiere las características de un personaje, al que, sin embargo, el autor, intencionalmente, deja en el anonimato con el fin de acentuar el encubrimiento que aquél hizo de su identidad cuando publicó bajo seudónimo la continuación de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.


En el exordio, el autor le repite al lector los insultos que el enemigo profirió en su contra en el Prólogo al Quijote apócrifo con el propósito, por un lado, de caracterizarlo y denunciarlo y, por otro, de hacer una defensa de sí mismo en respuesta a esos agravios. Así, esta parte del Prólogo de 1615 cumple a la vez como captatio benevolentiae y como descalificación del oponente. Sin embargo, a pesar de que el autor se niega a devolverle al enemigo las ofensas, pronuncia varias al atribuirle al lector, en un acto de preterición, un supuesto deseo de venganza: “Quisieras tú que lo diera del asno, del mentecato y del atrevido; pero no me pasa por el pensamiento [...]” Con este juego, el autor pretende ampararse en una imagen virtuosa de sí mismo.


Además del enemigo, el autor alude a otro personaje, de quien da ciertas señas que lo identifican con Lope de Vega –ser sacerdote y familiar del Santo Oficio-, aunque también de él calla su nombre. No obstante la pública enemistad entre los dos escritores, el autor del Prólogo de 1615 se expresa elogiosamente de su rival, asegurando que “del tal adoro el ingenio, admiro las obras y la ocupación continua y virtuosa.” Ello con el fin, entre otros, de negar la acusación de “invidioso” del trabajo del Fénix hecha por el enemigo. Además, tratándose de Cervantes con respecto a Lope, siempre asalta la duda de una carga irónica en sus elogios. El uso del silencio por parte del autor en relación con los nombres de Avellaneda y de Lope de Vega, supuestos cómplices en la publicación de la Segunda parte apócrifa, salda las cuentas a favor de Cervantes, puesto que al decir los pecados y no los pecadores, evita una acusación directa, además de que, con elegancia, elogia al Fénix y, a la vez, deja oculta su identidad y la del defraudador.


En la narratio, el autor, nuevamente con la decisión de eludir la responsabilidad de las ofensas al enemigo, le solicita al “lector amigo” que “Si por ventura llegares a conocerle”, le comunique que él no se siente agraviado, que conoce las tentaciones del demonio y que le cuente un par de cuentos que, a manera de apólogo, contienen una moraleja por medio de la cual se denuncian los actos del enemigo. Así, en uno, se sugiere la comparación del impostor con un loco y de su libro con el aire expelido por un perro inflado artificialmente. Y en el otro, de nuevo, se insinúa la identidad del enemigo con la de un loco que comete un error al golpear con una piedra a un podenco, perro de caza, que es defendido por su amo, los cuales pueden equipararse al libro falsificado y a su legítimo autor. De este modo, a lo largo de dos partes del presente Prólogo –el exordium y la narratio-, el autor transfiere al “lector amigo” el ajuste de cuentas con aquel que lo agravió con su impostura.


6. En el Prólogo a Los trabajos de Persiles y Segismunda (1617) la captatio benevolentiae no forma parte del exordium, según los cánones clásicos, sino de la narratio, con la cual inicia el texto. El autor relata la anécdota del encuentro que, en compañía de dos amigos, tuvo con un estudiante en el camino de Esquivias a la capital del reino. En esta ocasión, las alabanzas son encomendadas a dicho estudiante, supuestamente admirador de Cervantes, quien desempeñará ese papel asignado en otros casos al amigo –uno de los cuales tendrá aquí la única función de informar al estudiante de la identidad de Miguel de Cervantes-. La escena del encuentro está construida a partir de una serie de incidentes cómicos, a la vez que la caracterización del estudiante es la de un personaje chusco. No sólo su prestigio es incierto, pues se desconoce si proviene de una universidad con reputación o de las llamadas silvestres,18 sino que su vestimenta es defectuosa y su comportamiento, ridículo. Por ello, los halagos
de que hace objeto a Cervantes

–“-¡Sí, sí; éste es el manco sano, el famoso todo, el escritor alegre, y, finalmente, el regocijo de las Musas!”-, además de hiperbólicos, resultan equívocos, pues no dejan de ser un testimonio de la fama alcanzada por el escritor –quien, en su turno, rechaza los encomios-, aunque pronunciados en una situación poco decorosa y por un personaje falto de seriedad. Todo ello, una vez más, dota a la captatio benevolentiae, en particular, y al Prólogo, en general, de una fuerte carga irónica.

En este Prólogo, el último escrito por Cervantes, se le adjudican al estudiante funciones nuevas, distintas de las cumplidas con anterioridad por el amigo: la de charlar sobre la enfermedad del escritor, la de desahuciarlo diagnosticándole hidropesía, la de posibilitar que éste anunciara su próximo fallecimiento y se despidiera de sus
amigos –los verdaderos- con las famosas palabras: “Adiós, gracias; adiós, donaires; adiós, regocijados amigos; que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida!”

Asimismo, en esta ocasión, la importancia de sus enemigos desaparece ante
la acometida de estos otros imbatibles.


María Stoopen

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